septiembre 03, 2013

(capítulo perdido de algo que será)


Consejos para evadir. 

Antes que nada, debo advertir que estas pequeñas indicaciones solo funcionan ante desolaciones circunstanciales, producto de nuestra conciencia como seres humanos. Una pérdida, un fracaso, una muerte; no pueden ser evadidas. Con ingenuidad podrían aplazarse, pero en algún momento, de tanto hincharse en el centro del estómago; reventarán.

Las siguientes sugerencias funcionan si sobrevienen del reflejo en espejo del baño, en la noche donde no estás, aunque allí se encuentren al frente las arrugas bajo los ojos, la cicatriz cerca del labio, las espinillas de la nariz. Como un fantasma distante, que finge ser algo frente tuyo, oliéndote con miedo desde el marco café.

Estas indicaciones son para esas noches, para esos días de angustia, para esa inexplicable desazón.

Huir. Escapar de la manera fácil, como cuando te peleabas con tus padres a los catorce años, llenándote de cosas que te hagan sentir real. Un “let it be” desde tu ventana, pesadas gotas de sudor en los ojos después de los cien saltos de guerrero, o incluso dolor del grito desgarrándote la garganta. Todo aquello que desvanezca con nuevas emociones las inexplicables ganas de llorar, que ensordezca el grito que se revela dentro.

Crear. Inventar realidades. Como el poeta escribiéndole versos a su amada ya muerta, como el grito del pintor reflejando la inestabilidad. Enredando palabras que juntas reconforten, pintando colores que combinen en el lienzo; utilizando el arte en su expresión total, como un paracaídas, un tanque de oxígeno, un pedazo de pan. Una silenciosa respuesta, que nos ayude a escapar de este vivir que nos apuñala. Desinflando lo que vemos hasta que quede tan vacío como nosotros mismos, para poder reflejarlo después a través de los lentes propios y releerlos a nuestra manera de realidad.

Refugiarse. En las absurdas y efímeras manifestaciones que para ello se nos presentan. En la película del domingo por la tarde, en la velocidad feroz del auto en la carretera, en la canción al máximo volumen, en el cigarro, en los dulces, en el sexo, en el alcohol.

O si éstas por su banalidad, no te convencen, podés cerrar los ojos y repetirte para tus adentros hasta que órgano por órgano se estabilice y logre comprender; hasta que el corazón deje de latir defectuosamente y las pupilas dejen de gotear; que en cualquier lugar del mundo en ese mismo instante, tal vez lejos de tu cuartito con calefacción y tus sábanas ya no blancas del todo; sobre la pantalla de un monitor viejo que marca las tres de la mañana, existe otra persona intentando huir de la tristeza.

Solo quería hacerte saber que estoy  siempre estaré aquí.

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repeat after me: ´I am Free´"