marzo 19, 2013

Y lo malo acaba.

Está el caso de un joven policía que muere en el hospital, por no recaudar la sangre suficiente para la operación. Su familia es gente pobre, nadie llega al peso mínimo; sus compañeros están de vacaciones.

Hace poco se mataron a dos personas en una zona cualquiera de la ciudad, eran esposos, llevaban de la mano a un niño de tres años. "Los debieron matar a los tres", dicen las señoras después de leer el diario, "vio  morir a sus dos padres y ahora ya no hay ni quien lo crié."

Sucedió también una vez, que un jefe policial -esperando atrapar a extorsionistas- presenció un asalto a mano armada a una joven. Ante la emoción bajó el vidrió de su carro blindando para poder apuntarlos con el arma; los ladrones lo notaron, lo balearon y huyeron... como siempre suele pasar. Dicen que lleva más de tres semanas en el hospital.

... pero hubo una vez un hombre. Entró arrastrando los pies a lo que parecía ser su juicio final. Las canas pintaban su pelo, las arrugas acariciaban sus manos; llevaba la frente baja y la mirada sin ilusión. Habían pasado treinta años, y daba lástima verlo fallido a sus ochenta y tantos. Aquél que se autonombraba la voz del pueblo, aquél capaz de idear las más siniestras políticas, aquél batallador fuerte, inflexible, de acero, que había matado hasta sustituir el agua por sangre, ahora miraba la justicia a la cara.... como la verán los demás. 

3 comentarios:

Darío dijo...

Imagino la cara de ese tipo. Pero mejor no lo nombro...

la MaLquEridA dijo...

Debiera lo bueno llegar pronto.

Tilu Romero dijo...

Cuando la tristeza es una "extraña adicción", lo bueno suele tardar siempre un poco más de lo debido en llegar. Tardarás, pero llegará.

"get a job, go to work, get married, have children, follow fashion, act normal, walk on the pavement, watch TV , obey the law, save for your old age,

repeat after me: ´I am Free´"