noviembre 11, 2012

Escribir es lo que queda, para los que no sabemos vivir en automático.

Las cosas estaban bien cuando entró al salón. Fue culpa del elevador; tan pequeño, tan vacío, tan oscuro,  tan siniestro, tan él mismo. El techo reflejaba su cara triste, fue lo peor. Cerró los ojos y quiso correr pero no podía escapar; aunque mil puertas se abrieran, él petrificado, seguiría .... adentro.

No parpadeó, y con sus dedos largos y delgados presionó aquel temible botón. 

Cuando reaccionó se encontraba en el décimo nivel. La mujer a su lado lloraba desconsolada  y él, con lágrimas inmóviles en las mejillas, solamente la oía gritar. La ciudad, que siempre lograba tranquilizarlo parecía esta vez una película, lejana y distante, una pesadilla en su realidad.

De un movimiento brusco la mano de su madre lo obligó a mirarla, estaba temblando y no lo soportó.  Regresó la vista a los edificios. Podría estar bien, podría reaccionar, respirar, escuchar y entender; podría morir justamente allí, ya no importaba. 

2 comentarios:

la MaLquEridA dijo...

¡Chispas! Hasta sentí un poco de pánico estar encerrada en elevador.


:(

Micaela Blengini Artunduaga dijo...

Uy, ¡cuánto duele verse a uno mismo! ¡Cuántos demonios pueden aparecer durante ese encuentro!

"get a job, go to work, get married, have children, follow fashion, act normal, walk on the pavement, watch TV , obey the law, save for your old age,

repeat after me: ´I am Free´"