enero 09, 2011

Qué drástico padrecito, continuación.

-Quiero ir con mi padre -dijo.
-No tengas miedo -replicó él- ¿Qué es lo que te duele?
-Me duele todo -explicó ella, y de pronto su cara se iluminó con una sonrisa.
-Te curarás -añadió él-. Reza.
-Rezar, he rezado, pero no me ha servido de nada -y de nuevo sonrió ampliamente-. Reces usted y ponga su mano sobre mí. Lo he visto en sueños.
-¿Que me has visto?
-Soñé que usted me ponía la mano en el pecho. -Le tomó la mano y se la apretó contra ella. -Aquí.
Él retiró su mano.
-¿Cómo te llamas? -le preguntó, temblando todo él y sintiendo que estaba vencido, que la lujuria se le insubordinaba.
-María. ¿Por qué?
Ella le cogió la mano y se la besó. Luego le pasó el brazo por la cintura y lo atrajo hacia sí.
-¿Qué haces? -preguntó él-. María tu eres el diablo.
-Bueno, no importa.
Y así, abrazándolo, se sentó con él en el camastro.

El padre Sergio, Leon Tolstoi.

1 comentario:

lollipop dijo...

Diablos de ese tipo hay muchos, por suerte o desgracia, no sé.

"get a job, go to work, get married, have children, follow fashion, act normal, walk on the pavement, watch TV , obey the law, save for your old age,

repeat after me: ´I am Free´"